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A Donosti no se viene a mirar, ¡se viene a vivir! Porque esta ciudad no es solo bonita, es puro carácter. Desde la fuerza del Cantábrico hasta el arte que se sirve en cada pintxo, Donosti te reta a descubrirla a su manera: sin prisas, pero con intensidad.
Empieza conquistando el Monte Urgull, ese pulmón verde que custodia la Parte Vieja. Pasea por sus senderos llenos de historia y sube hasta el Castillo de la Mota, donde el Sagrado Corazón de Jesús vigila la bahía como un guardián eterno.
¿Prefieres vistas aún más épicas? Sube al Monte Igueldo en su funicular centenario y alucina con una panorámica que parece sacada de un cuadro. Y si eres más de aventuras, lánzate al Monte Ulía, donde los antiguos balleneros oteaban el horizonte, ahora convertido en un paraíso de senderos y acantilados.
Pero Donosti no es solo naturaleza. Recorre el idílico Paseo de la Concha, dirígete a la Parte Vieja y piérdete entre bares donde cada pintxo es un espectáculo. Prueba una gilda, una kokotxa o un marmitako, y acompáñalo con un buen txakoli o una sidra bien escanciada. Aquí no hay menú del día: hay arte culinario en cada plato. Y si te queda hambre, recuerda que estás en la ciudad con más estrellas Michelin por metro cuadrado del mundo. ¡Eso sí que es nivel!
¿Te interesa la cultura? Entonces no te pierdas el Museo San Telmo, donde la historia vasca cobra vida, o déjate llevar por la magia del Festival Internacional de Cine, uno de los eventos más prestigiosos del mundo. Y si tienes suerte de estar aquí en enero, prepárate para vibrar con la Tamborrada, cuando toda la ciudad retumba al ritmo de los tambores.
Así que ya sabes, Donosti te espera con su fuerza, su sabor y su espíritu único. ¿Te atreves a descubrirlo?
Empieza conquistando el Monte Urgull, ese pulmón verde que custodia la Parte Vieja. Pasea por sus senderos llenos de historia y sube hasta el Castillo de la Mota, donde el Sagrado Corazón de Jesús vigila la bahía como un guardián eterno.
¿Prefieres vistas aún más épicas? Sube al Monte Igueldo en su funicular centenario y alucina con una panorámica que parece sacada de un cuadro. Y si eres más de aventuras, lánzate al Monte Ulía, donde los antiguos balleneros oteaban el horizonte, ahora convertido en un paraíso de senderos y acantilados.
Pero Donosti no es solo naturaleza. Recorre el idílico Paseo de la Concha, dirígete a la Parte Vieja y piérdete entre bares donde cada pintxo es un espectáculo. Prueba una gilda, una kokotxa o un marmitako, y acompáñalo con un buen txakoli o una sidra bien escanciada. Aquí no hay menú del día: hay arte culinario en cada plato. Y si te queda hambre, recuerda que estás en la ciudad con más estrellas Michelin por metro cuadrado del mundo. ¡Eso sí que es nivel!
¿Te interesa la cultura? Entonces no te pierdas el Museo San Telmo, donde la historia vasca cobra vida, o déjate llevar por la magia del Festival Internacional de Cine, uno de los eventos más prestigiosos del mundo. Y si tienes suerte de estar aquí en enero, prepárate para vibrar con la Tamborrada, cuando toda la ciudad retumba al ritmo de los tambores.
Así que ya sabes, Donosti te espera con su fuerza, su sabor y su espíritu único. ¿Te atreves a descubrirlo?
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